"Una más...": Una experiencia de proximidad
en La Ventolera Espacio de Arte.


La
maestría de Federico García Lorca siempre nos conmueve con la
referencia que denuncia. Así, se introduce en la puesta de Fabiola Vilte en una
experiencia de proximidad casi intestina. La obra se desarrolla dentro de un
alma que mira en lo profundo, haciendo evidente el paisaje interno hasta lograr
que la ficción desaparezca.
Utiliza
el espacio real de la casa, instalando la pequeña platea a un costado de la
cocina, mientras se esfuma el mundo de la apariencia y “somos legión”. Unos, lectores
del paraíso, otros, autoridad que se impone con ceguera, la bizantina crueldad
de la servidumbre, madre, hija, abuela, la libertad de seducción, la vejez loca,
múltiples personajes de la obra que encarna con vehemencia. En esta casa, la talentosa actriz, cierra sus puertas con el
espectador adentro logrando el coro perfecto; canto inaudible que siempre
sospecha.
“Y
el hombre pobre, pobre” dice Vallejos cuando la culpa y el dolor lo dobla sobre sí, pero aquí no hay
estoicismo. El individuo quiere enfrentarse a las pasiones y deseos que
perturban su vida. Recurre al análisis y ve aflorar la multiplicidad de actores
que convoca en sus contradicciones. “Una más…” entre tantas… Escritas en piel, relatan con el cuerpo, la voz, el gesto y el murmullo de las cosas que
son protagonistas fantásticas,
vulnerables, desnudas, habitando el espacio robado, el proscenio invadido. Al
propiciar esta comunión, Fabiola Vilte es el único personaje real de su obra,
piensa mientras lee a García Lorca, y danza su epifanía expuesta al accidente. De
esta manera, testigos de la coreografía del crisol somos traspasados por el
dardo ágil e intimista del teatro.
En
el despliegue de esta relectura de La Casa de Bernarda Alba abanicada en un
abrir y cerrar de la ventana, que da a la vereda de la calle del espacio de arte
La Ventolera, cada vez más seguido la posibilidad de que se
produzca un contacto con la puerta transparente del lenguaje simbólico del arte.
Rosa
Machado
en La Ventolera Espacio de Arte.
La
maestría de Federico García Lorca siempre nos conmueve con la
referencia que denuncia. Así, se introduce en la puesta de Fabiola Vilte en una
experiencia de proximidad casi intestina. La obra se desarrolla dentro de un
alma que mira en lo profundo, haciendo evidente el paisaje interno hasta lograr
que la ficción desaparezca.
Utiliza
el espacio real de la casa, instalando la pequeña platea a un costado de la
cocina, mientras se esfuma el mundo de la apariencia y “somos legión”. Unos, lectores
del paraíso, otros, autoridad que se impone con ceguera, la bizantina crueldad
de la servidumbre, madre, hija, abuela, la libertad de seducción, la vejez loca,
múltiples personajes de la obra que encarna con vehemencia. En esta casa, la talentosa actriz, cierra sus puertas con el
espectador adentro logrando el coro perfecto; canto inaudible que siempre
sospecha.
“Y
el hombre pobre, pobre” dice Vallejos cuando la culpa y el dolor lo dobla sobre sí, pero aquí no hay
estoicismo. El individuo quiere enfrentarse a las pasiones y deseos que
perturban su vida. Recurre al análisis y ve aflorar la multiplicidad de actores
que convoca en sus contradicciones. “Una más…” entre tantas… Escritas en piel, relatan con el cuerpo, la voz, el gesto y el murmullo de las cosas que
son protagonistas fantásticas,
vulnerables, desnudas, habitando el espacio robado, el proscenio invadido. Al
propiciar esta comunión, Fabiola Vilte es el único personaje real de su obra,
piensa mientras lee a García Lorca, y danza su epifanía expuesta al accidente. De
esta manera, testigos de la coreografía del crisol somos traspasados por el
dardo ágil e intimista del teatro.
En
el despliegue de esta relectura de La Casa de Bernarda Alba abanicada en un
abrir y cerrar de la ventana, que da a la vereda de la calle del espacio de arte
La Ventolera, cada vez más seguido la posibilidad de que se
produzca un contacto con la puerta transparente del lenguaje simbólico del arte.
Rosa
Machado