Lucía Carmona:"FLORES SOBRE LA HERIDA" Editorial PalaBrava- Santa Fe-2016

Elevada poesía la de Lucía
Carmona. Se escucha sobre la importancia de su voz hispanohablante, y lo creo. Me
acerco como al claro del bosque. Encontrando
el exquisito refinamiento de sus abstracciones, el fundamento simbólico de su palabra
que surge como naturalmente surge el nombre de las cosas, “flores sobre la
herida”. Su pueblo, Chilecito, La Rioja, es el rizoma donde florece y crece de manera
multidireccional su obra. El sentido al
cual se acercan los poemas nos remiten con certeza a un espacio redondo y
cincelado. No se demoran. No desvía el
ojo oblicuo hacia ninguna bifurcación, se dirige como la flecha al lugar que
desea iluminar. Construye mapas circulares
con diversas direcciones, conexiones instantáneas, fugaces o con el peso de la
infinitud en las metáforas.
“Pinta su aldea” pero también acerca la periferia al centro. Cada imagen de pensamiento crea un recipiente con líneas que se tejen en varias direcciones: el erotismo, lo angélico, el trasegar humano, la raíz animal y vegetal, el destello, el vínculo.
“Pinta su aldea” pero también acerca la periferia al centro. Cada imagen de pensamiento crea un recipiente con líneas que se tejen en varias direcciones: el erotismo, lo angélico, el trasegar humano, la raíz animal y vegetal, el destello, el vínculo.
Una imagen que insiste y persiste es la lluvia. Forma un bucle entre el territorio y el ansia/la sed. La lluvia “cae tan lentamente que aún arde la sequía”, llanto del hombre y de los dioses, alivio, espera y también eje constituyente de enunciación, aparece para saciar la vivencia del poeta. Surcos que entran y salen, nunca fijos: la lluvia y la sequía son moléculas de “Flores sobre la herida”. El símbolo que construye brinda la experiencia del misterioso mundo a traducir, el poeta que dice “si a todo”, es testigo y traduce la realidad que ve, traza las correspondencias ocultas que unen los objetos sensibles que va nombrando con la lengua a la que corresponde. Lengua divina dotada de la magia del Génesis. La ciencia de la lengua del hombre que nombra las cosas, las nombra aquí y ahora desde la misma entidad lingüística. Traduce “la lengua de las cosas” como dice Walter Benjamin, mediante el inmenso deseo de hacer contacto con el Otro, ese otro trans galáctico que también somos los hablantes.
En el poema “Bodas” se percibe el ritual donde “el agua reencarnada” y “un minuto eternamente antiguo” son la unión del padre y de la madre cuando celebran el acontecimiento. Velocidades e intensidades se cruzan con la severidad, la tragedia o la epifanía.
Esta poética es una construcción de materia/abstracta (valga el oxímoron) que abraza “ese vacío anterior al sudario” que es la vida misma, para lograr un vislumbre del ser; “amor mío” le llama. Pide una contraseña. La presencia desnuda que desea ser nombrada nuevamente y comunicarse: realización de la lengua, la última finalidad de la lengua. ¿Cómo decirlo a la par del discurrir natural del ritmo de Lucía Carmona que puede acceder a los andamios más celestes con dulzura, sencillez e intensidad? ¿Cómo? Sin caer en absurdas tautologías.
En el bosque de la producción literaria, al entrar en la obra de Lucía Carmona, se toca la dimensión del claro del bosque que regala la ofrenda imprevisible, ilimitada, como dice María Zambrano. Es ahí donde la resonancia hace posible reconocer que la poesía habla verdaderamente del ser y es ahí donde comprendemos la necesidad de la palabra poética en la vida que fundida en el todo nos habla de las cosas.
Lucía Carmona, una de las más preciadas voces
latinoamericanas por ser clara y límpida,(como diría el poeta Leopoldo Díaz
Vélez)ocasiona el sentimiento de reverencia
que el arte provoca en determinadas ocasiones.
Pero, leamos este poema para experimentarlo:
EL CORAZON DE LA TIERRA
Crecimos en el
pueblo/nutrido/ por una antigua alquimia/ de incendio y resurrección. //Allí
todas las tardes/ un pájaro lejano/ nos permitía escuchar/ el corazón de la
tierra/ y éramos inocentes./Tangenciales al fuego/pequeños y ateridos.// Desde
ese mundo/hasta estos últimos caseríos/han pasado los años/tanto y tanto/ que
casi/ no nos reconocemos.

Y más allá de todo lo previsto
cuando alucinación
es igual a reposo,
más allá de la tierra de cardones
donde esquinas
semejan tornasoles.
Más lejos que el hecho de cantar
por no morir,
ahí estás,
despierto.
TIEMPO
Ha llegado la hora de mostrarnos desnudaspor la casa.
Si alguien puede contemplarnos son los muertos,
nadie más:
los personajes de liturgias extrañas
más perfume
que uñas y que vida.
Caminamos desnudas,
los sexos liberados por ángeles de tiempo
y en los pechos
una leve ceniza
mixtura
de regiones con frutos a la siesta.
Nos hicieron mujeres y como tales somos
una mitad de símbolo
y una mitad de arena.
Desnudas sin más leyes
que una naturaleza podadora de sangres.
Aquí miramos los retratos que penden de los clavos
como se miran las propias manos
y se escuchan los propios gritos
con esa contínua herencia en objetos y horas
y sin embargo
respiramos la certeza de una piel
que no se vive
pero que se presiente.
de “Por el corazón de la tierra”

“MISERERE”
Porque exploramos juntos los bosques
recuerdo
que la primera figura entre las sombras
fue tu mano
ordenando las tristes esculturas silvestres
Porque las poblaciones
repitieron los ecos
de tu voz,
donde la hierba toda
sustentaba el incendio de las tardes vencidas,
y niños y rebaños
acortaron los soles
del cansancio insaciable.
Por eso te proclamo,
porque el que ha conocido
la sangre y la vendimia
tiene la ingenuidad de los muertos secretos.
CITAPorque exploramos juntos los bosques
recuerdo
que la primera figura entre las sombras
fue tu mano
ordenando las tristes esculturas silvestres
Porque las poblaciones
repitieron los ecos
de tu voz,
donde la hierba toda
sustentaba el incendio de las tardes vencidas,
y niños y rebaños
acortaron los soles
del cansancio insaciable.
Por eso te proclamo,
porque el que ha conocido
la sangre y la vendimia
tiene la ingenuidad de los muertos secretos.
Ya no hay quien nos separe,
el infinito corazón
se ha celebrado.
Desde el fuego
y a través del poniente
hasta tu pecho,
hasta tu boca,
hasta tu sombra
para enfrentar de nuevo
la jauría del número eterno.
El núcleo de tu risa
se pierde en las montañas,
la paz de mis rodillas
se postra en sus laderas
y le doy vuelta al cielo,
cuelgo de las raíces
como si el universo
se incendiara.
Poesía de Lucía Carmona